CLIMA ORGANIZACIONAL EN EL AULA
Las relaciones humanas se refieren al trato
o la comunicación que se establece entre dos o más personas; son muy
importantes en las instituciones escolares, puesto que durante la actividad
educativa se produce un proceso recíproco mediante el cual las personas
que se ponen en contacto valoran los comportamientos de los otros y se
forman opiniones acerca de ellos, todo lo cual suscita sentimientos que
influyen en el tipo de relaciones que se establecen.
Las relaciones
se plantean en términos de las distintas posturas que adoptan las personas con
respecto a otras próximas, éstas se refieren a las actitudes y a la red de
interacciones que mantienen los agentes personales.
Pueden presentarse actitudes positivas como: cooperación, acogida, autonomía,
participación, satisfacción; pero también se puede observar actitudes de
reserva, competitividad, absentismo, intolerancia y frustración, que producen
una corriente interna, explícita o no, de deseos, aspiraciones e intereses
corporativos y personales.
De ello se entiende que, debido a que las
personas son el eje central de las relaciones, los comportamientos que éstas
adopten en situaciones particulares de interacción pueden, en algunos
casos, obstaculizar las relaciones interpersonales y en otros, favorecerlas. En
todo caso, si las relaciones se establecen sobre la base de actitudes
positivas, como la cooperación, la acogida, la participación y la autonomía
entre otras y sobre la base del diálogo, de la valoración positiva de los demás
y de sí mismo, así como de la confianza, el clima del aula será positivo y
gratificante; pero, si las relaciones en el aula están sentadas sobre la base
de actitudes negativas, como la competitividad, la intolerancia y la
frustración, el individualismo, la falta de tacto, las reacciones airadas y sin
control, el aplazamiento de decisiones y la dificultad para asumir los propios
errores, entonces el clima del aula será negativo.
El entramado de relaciones que se presentan en el aula, resulta
complejo e imprevisible, por lo cual es necesario seleccionar algunas
categorías conceptualmente opuestas, que pueden situarse a lo largo de un
continuo dicotómico, para caracterizar las actuaciones relacionales de los
docentes y alumnos. En este sentido menciona las siguientes: cooperación-competitividad,
empatía-rechazo, autonomía-dependencia, actividad-pasividad,
igualdad-desigualdad. Además enfatiza el mismo autor que el análisis conjunto
de estas relaciones, constituye una fase previa para la identificación del
clima social que se configura en el aula.
Significa entonces que los procesos
interpersonales al interior de los centros educativos y su interrelación con
los resultados deseados son muy importantes para el estudio del ambiente o
clima social escolar, puesto que, si el entramado de relaciones que se produce
como consecuencia de la tarea educativa en común está cargado de
interacciones socio-afectivas armoniosas, el clima de la clase será
gratificante y contribuirá a crear condiciones favorables para el aprendizaje;
por el contrario, si ese entramado está caracterizado por la competencia,
agresividad, envidia e intriga, el clima será poco gratificante y por
consiguiente las condiciones para el proceso de aprendizaje serán poco
favorables.
Las relaciones en el aula son múltiples y entre ellas pueden
mencionarse: las que se establecen entre profesores, entre los profesores y las
familias de los estudiantes, entre profesores y estudiantes, y finalmente entre
los propios estudiantes.
Respecto a las relaciones del profesor con
sus alumnos se puede señalar que tradicionalmente los maestros son el
factor crucial de la educación en el aula; pues a través de su práctica
pedagógica pueden generar una atmósfera tranquila, ordenada y orientada al
aprendizaje.
La labor de enseñanza y el modelo de persona
que el profesor proporciona a sus alumnos, contribuye a la formación de
la personalidad de los que serán, a su vez, los protagonistas del futuro. Para
ser eficaz como educador, el profesor puede y debe darse cuenta de lo que hace
y de lo que puede hacer en su aula para crear un ambiente favorecedor de una
buena autoestima de sus alumnos y de una convivencia que facilite esta
labor. La complejidad de las relaciones del la clase demanda una adecuada
preparación del docente para que interprete y organice el aula, realizando una
acertada negociación con los alumnos y estableciendo el conjunto de tareas y
contenidos más adecuados para
formarles, la manera de ser del profesor es un factor motivador de primer orden
en el aula por cuanto es el responsable de establecer un estilo de relación
cercano, cálido y auténtico, de apoyo
y respeto a los alumnos.
Esto implica otro tipo de
relación, la del estudiante con sus iguales. Las relaciones de amistad permiten a los jóvenes practicar
habilidades de interacción social que les serán de utilidad en su vida adulta,
para establecer relaciones cercanas, comunicarse adecuadamente con otras
personas, solucionar los conflictos y aumentar la confianza en los otros. La
relación de amistad sensibiliza a los jóvenes hacia las necesidades de los
otros y favorece la adaptación social. Esta interacción social promueve el desarrollo
cognitivo, al permitir a los chicos predecir el comportamiento de los otros,
controlar su propia conducta y consecuentemente regular su interacción social.
La trascendencia de las relaciones interpersonales entre los
estudiantes es un hecho harto comprobado por cuanto la educación es concebida
simultáneamente, como un proceso de enseñanza aprendizaje de contenidos
formalizados y como un proceso de socialización de la personalidad en vías de
desarrollo. Por ello se plantea la necesidad de potenciar la calidad de las
relaciones alumno-alumno dentro del aula.
Pese a lo anterior, es notorio que los
sistemas educativos actuales en todo el mundo, se han adaptado a trabajar
mediante el recurso de la motivación por competencia y el alumnado se queja, a
veces, de las relaciones hostiles y humillantes que se observan entre los
propios compañeros. Las amenazas, agresiones entre estudiantes continúan
despertando la inquietud de la opinión pública; “la violencia nos arropa en el aula”, pero los
comportamientos violentos no son más que los mismos que el niño ha aprendido a
lo largo de su formación, los mismos que actúan en sus otros espacios de relación social, un submundo de
violencia que se recrea en la escuela y en el que participan todos los miembros
de la comunidad educativa, en mayor o menor grado.
De lo cual resulta que las relaciones tanto en el centro
escolar como en el grupo aula, pueden promover un buen clima social-relacional
o por el contrario pueden causar malestar, desconfianza y agresividad y en
consecuencia promover un clima social negativo que puede inhibir el éxito
académico.
Lo anterior justifica la necesidad de que la
vida social y las relaciones informales que los estudiantes establecen en el
aula, se conviertan en temas de interés y formen parte del proceso formativo de
los mismos. Por lo tanto, la escuela y específicamente los docentes, deben
asumir la responsabilidad de orientar las claves relacionales entre los
estudiantes como una vía para prevenir e intervenir el maltrato entre iguales, favorecer
unas relaciones personales saludables y equilibradas entre ellos y así, mejorar el clima de convivencia
escolar.


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